12.11.10

IV.Kant/Amereida/Richard Serra/Arakawa/Ortner


































































































































AMEREIDA Amereida es un poema que reúne en su nombre el hallazgo de América y la épica latina del piadoso Eneas escrita en la Eneida. Dos años después de la Travesía del 65 (Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontifica Universidad Católica de Valparaíso) se recolectaron textos diversos, anotaciones, poemas, cartas de los primeros cronistas americanos, blancos enteros, recortes y dibujos, y se realizó un trabajo de edición del material para darle forma a un libro titulado Amereida, sin firma de autor alguno, nada numerando sus páginas y ninguna mayúscula; la primera edición reza: amereida, volumen primero, colección poesía, Santiago, Chile; Editorial Cooperativa Lambda. Inscripción Nº 33306; el libro remata antes de la página de gracia con un 15 de mayo de 1967. La lectura del texto nos adentra indistintamente en la pregunta permanente por el ser americano a partir del reconocimiento de la aparición de América vista como un hallazgo; desde el primer poema el encuentro con lo desconocido abre la posibilidad para comenzar a pensar el nuevo mundo tal un regalo, un don; su seña: la Cruz del Sur,[1] la luz que remonta el horizonte y guía en el septentrion. El texto se abre siempre al verso siguiente y equivoca la esperanza, lo aguarda; bordea el sujeto –como Mallarmé– sin retenerle, y reposa nítidamente en una poética del blanco para recoger el silencio del habla, como el lapso que se da entre los actos de lo extraordinario. La Travesía de Amereida se constituyó como un tiempo extendido en el acto que atravieza América y le canta su aparecer.

RICHARD SERRA " lo importante era el proceso creativo, no el resultado final. Eso me mostró cómo crear movimiento, escapar de la metáfora, de la imaginería sencilla".

SHUSAKU ARAKAWA i. "perpetually tentative relationship with their surroundings” He published several tantalising books with Gins, notably The Mechanism of Meaning (1971), Reversible Destiny: We Have Decided Not to Die (1997) and Making Dying Illegal (2006).

« 1) it is blank that gives a confuse, blurring power to consciousness in conjunction with the narrowly focused delineations of intentions to provide the sense of volume out of which any intentional act arises. 2) Following the taking place of a ny event, there may be an accumulation of powerthrough and within accumulating power, the nature of the time-space to an individual or to the group becomes altered. As long as it remains, more or less undifferentiated, this power continues to grow blank. 3) then it itself, an open possibility for reassembly, behaves in waves across/through configurated energies, as its own pace, it gradually becomes a “forming blank” into which all configuration are drawn, absorbed, condensed, and out of which unrecogniable places jump shaping volumes into images. 4) As the coordination of the senses takes place within a blank, whatever it is that orders this coordination must also remain blank to us. Therefore, how can we knowingly speak of the coordination of the senses except in terms of blank.»

RAN ORTNER In my art, I contemplate the collision of opposites, from tender brutalities to the devastating sensitivities. Every day I enter my studio, prepare my materials and, as James Joyce said, "go for the millionth time to encounter the reality of the experience."I attempt through painting to sustain my encounter with life’s biting reality.


FILOS. KANT

i. Todos nuestros conocimientos comienzan con la experiencia, todos, sin embargo, no proceden de ella, pues bien podría suceder que nuestro conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos por las impresiones y de lo que aplicamos por nuestra propia facultad de conocer (simplemente excitada por la impresión sensible), y que no podemos distinguir este hecho hasta que una larga práctica nos habilite para separar esos dos elementos.

ii. Conocimiento a priori: es el conocimiento independiente de la experiencia y también de toda impresión sensible. (existen conocimientos que derivan de las reglas mismas de la experiencia que se saben antes de experimentarlo. Ej: aquel que mina los cimientos de su casa sabe que ésta se derrumbará, pero sólo a posteriori (por la experiencia) se sabe que los cuerpos son pesados y que aislados de todo apoyo caen).

Conocimiento a posteriori o empíricos: es el conocimiento que sólo es posible por la experiencia. Se le llama conocimiento puro a aquel que carece absolutamente de empirismo. Ej: ‘todo cambio tiene una causa’, es un principio a priori; pero no puro, porque el concepto de cambio sólo puede formarse con la experiencia.

iii. La experiencia nos puede decir que una cosa es de tal o cual manera; pero no nos dice que no pueda ser de otro modo. No da juicios con una universalidad verdadera y estricta (es decir que no admite excepción alguna), sino con una generalidad supuesta y comparativa (por la inducción).

iv. La necesidad y la precisa universalidad son los caracteres evidentes de un conocimiento a priori, y están indisolublemente unidos. En el conocimiento empírico hay una universalidad infinita no absoluta, que tiene una limitación empírica y no una contingencia en los juicios.

v. Los conocimientos que se eximen del mundo sensible , para los cuales la experiencia no sirve de guía ni rectificación, sólo pueden ser conocidos por la razón ya que son superiores y sublimes a todo lo que la inteligencia puede conocer en el campo de los fenómenos. Estos temas de la Razón pura son: Dios, Libertad e Inmortalidad. La ciencia que tiende a la resolución de estas cuestiones es la Metafísica (su marcha es en los comienzos dogmática, porque emprende confiadamente su trabajo sin tenerpruebas de la potencia o impotencia de nuestra razón para tan grande empresa).

vi. Platón, dejando el mundo de lo sensible, que encierra a la inteligencia en límites tan estrechos, se lanzó en alas de las ideas por el espacio vacío del entendimiento puro, sin advertir que con sus esfuerzos no adelantaba nada, faltándole punto de apoyo donde sostenerse y asegurarse para aplicar sus fuerzas en la esfera propia de la inteligencia.

vii. Lo que nos libra de todo cuidado y recelo durante la construcción de nuestra obra, y aún nos engaña por su aparente solidez, es que el trabajo de nuestra razón consiste en el análisis de conceptos que ya tenemos formados sobre los objetos. Esto nos procura una infinidad de conocimientos, los cuales son aclaraciones y explicaciones de aquello que ha sido pensado en nuestros conceptos y que como nuevas luces, en cuanto a su forma, por más que no aumente la materia ni el contenido de nuestros conceptos, simplemente los preparan y ordenan.

viii. Relación de un sujeto a un predicado: A sujeto, B predicado. Juicio analítico o explicativos: el predicado B pertenece al

sujeto A como algo contenido en él; por lo tanto son aquellos en que el enlace del sujeto con predicado se concibe por identidad; no añaden nada al concepto del sujeto por el predicado, sino que sólo lo descomponen en conceptos parciales, comprendidos y concebidos en si mismos. Ej: ‘todos los cuerpos son extensos’ (esta contenidos el uno en el otro)

Juicio sintético o extensivo: el predicado B es completamente extraño al sujeto A, si bien se halla enlazado a él sin identidad; añaden al concepto del sujeto un predicado que no era en modo alguno pensado en aquel y no se hubiera podido extraer por ninguna descomposición. Ej: ‘todos los cuerpos son pesados’ (aunque no están contenidos el uno en el otro se pertenecen de una manera contingente como partes de un todo, de la experiencia, que es un enlace sintético de intuiciones). Las matemáticas son juicios a priori sintéticos.

ix. Todos los juicios de la experiencia son sintéticos, porque sería absurdo fundar un juicio analítico en la experiencia, pues para formarle no necesito de mi concepto ni del testimonio de la experiencia.

x. En las proposiciones sintéticas se funda todo el objeto final de nuestro conocimiento especulativo a priori; porque si bien las analíticas son muy importantes y muy necesarias, sólo sirven para lograr la claridad de los conceptos, que es tan indispensable para una segura y amplia síntesis como una nueva y real adquisición.

xi. El verdadero problema de la Razón pura se contiene en la pregunta: ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? La razón humana, sin que esté movida por la vanidad de una omnisciencia, es simplemente estimulada por una necesidad propia, marcha sin descanso alguno hacia cuestiones que no pueden ser resueltas por el uso empírico de la Razón, ni por principios que de ella emanen. Esto sucede a todos los hombres en cuanto su mente empieza a especular por es la Metafísica ha existido y existirá siempre. ¿Cómo nacen de la naturaleza de la razón humana en general estas cuestiones, que la Razón pura formula y que por necesidad propia se siente impulsada a resolver? Nacen porque la mente no se ocupa de los objetos de la Razón, cuya diversidad es infinita, sino simplemente de la Razón misma, de problemas que nacen exclusivamente de su seno y que se le presentan, no por naturaleza de las cosas que difieren de ella, sino por la suya propia. De todo lo anterior resulta la idea de una Ciencia llamada Crítica de la Razón Pura, por ser la Razón la facultad que proporciona los principios del conocimiento a priori.

xii. Un Organon de la Razón pura sería el conjunto de principios mediante los cuales todos los conocimientos puros a priori podrían ser adquiridos y realmente establecidos. La aplicación extensa de tal Organon produciría un sistema de la Razón pura; la propedéutica para este sistema es la Crítica de la Razón pura.

xiii. Lo trascendental es todo conocimiento que en general se ocupe, no de los Objetos, sino de la manera que tenemos de conocerlos, en tanto que sea posible a priori.

xiv. La Crítica trascendental tiene por fin no el aumento de nuestros conocimientos, sino la rectificación de ellos, estima el valor o la insignificancia de todos los conocimientos a priori. La Crítica es la preparación para un Organon, en el cual pueda ser expuesta la Filosofía de la Razón pura que debe o en la extensión o limitación del conocimiento racional. Dicho sistema tiene por objeto, no la naturaleza de las cosas, que es infinita, sino el entendimiento que juzga sobre la naturaleza de las cosas, entendimiento en relación con los conocimientos a priori.


Estética trascendental


xv. Sea cual fuere el modo cómo un conocimiento se relacione con los objetos, aquel en que la relación es inmediata y para el que todo pensamiento sirve de medio, se llama intuición. Esta es posible sólo si el objeto nos es dado y afecta el espíritu.

xvi. Sensibilidad: es la capacidad (receptividad) de recibir la representación según la manera como los objetos nos afectan; los objetos nos son dados por la sensibilidad y ella nos ofrece las intuiciones, pero sólo el entendimiento los concibe y forma los conceptos. Todo pensamiento se refiere directa o indirectamente, mediante signos a las intuiciones y por consiguiente a la sensibilidad; pues de otra manera ningún objeto puede sernos dado. Ej: referente a un cuerpo gracias a la sensibilidad el entendimiento piensa de él: sustancia, fuerza, divisibilidad, movimiento, etc.

xvii. Sensación: es el efecto de un objeto sobre nuestra facultad representativa. Se llama intuición empírica a la que se relaciona con un objeto por medio de la sensación. El objeto indeterminado de una intuición empírica se llama fenómeno. Ej: referente a un cuerpo la sensación percibe: la impenetrabilidad, dureza, color, etc. Ej2: sonido, calor, color.

Materia del fenómeno: aquello que corresponde a la sensación. Esta sólo es dada a posteriori.

Forma del fenómeno: es lo que hace que lo que hay en él de diverso pueda ser ordenado en ciertas relaciones. La forma es a priori, independiente de toda sensación y se encuentra en el espíritu para todos en general. Ej: el Espacio es la forma de los fenómenos externos.

xviii. La representación pura o intuición pura es la que se encuentra a priori en el espíritu en donde toda la diversidad de los fenómenos bajo ciertas relaciones se percibe. Ej; después de la abstracción que la sensibilidad y la sensación hicieron, pienso del cuerpo: extensión y figura.

xix. La Estética trascendental es la ciencia de todos los principios a prior de la sensibilidad. En la indagación se encuentra que hay dos formas puras de la intuición sensible, como principios a priori: Espacio y Tiempo.

xx. En el Espacio están determinadas o son determinables la figura, tamaño y relaciones respectivas de tales objetos. En el Tiempo se encuentran las determinaciones interiores, es decir la acción del sentido interno mediante el cual el espíritu se contempla a sí mismo; la intuición del alma no se muestra como objeto, sólo como forma determinada, bajo la que sólo es posible la intuición de su estado interno. El Tiempo no puede ser percibido exteriormente, tampoco el Espacio puede ser considerado como algo interior en nosotros.

xxi. El Espacio es una representación necesaria a priori, ya que para hablar de lo que se encuentra fuera de mí, en el exterior, debe existir un concepto de Espacio donde la experiencia del fenómeno externo suceda; gracias a esto el Espacio se convierte en la posibilidad de los fenómenos; es una intuición pura no un concepto de las relaciones de las cosas. El Espacio es esencialmente uno. El Espacio es representado como un quantum, infinito dado. Todo concepto es una representación contenida en una multitud infinita de distintas representaciones posibles, ningún concepto como tal contiene en sí una multitud infinita de representaciones; el Espacio no es concepto.

“Todas las cosas están yuxtapuestas en el Espacio” si estas cosas son tomadas como objetos de nuestra intuición sensible. “Todas las cosas, como fenómenos externos, están yuxtapuestas en el Espacio” ésta regla vale universalmente y sin restricción alguna.

El Tiempo es una representación necesaria que sirve de base a todas las intuiciones. No se puede suprimir en los fenómenos en general, aunque se pueden separar los unos del otro. El Tiempo está dado a priori. Sólo en él es posible toda la realidad de los fenómenos. El Tiempo es una forma pura de la intuición sensible. La representación que puede darse por un objeto único, es una intuición, sin embargo los tiempos diferentes son partes del mismo Tiempo.

Los conceptos de mudanza y movimiento sólo son posibles en la representación del Tiempo; si éste no fuera una intuición interna a priori, ningún concepto podría hacer comprensible la posibilidad de una mudanza, es decir, la posibilidad de unión de predicados opuestos contradictoriamente en un solo y mismo objeto, Ej: que una cosa esté y no esté en un lugar. Solamente en el Tiempo pueden encontrarse esas dos determinaciones contradictoriamente opuestas en una misma cosa, es decir, sólo en la sucesión.

El Tiempo es la forma del sentido interno, es decir, de la intuición de nosotros mismos y de nuestro estado interior. No puede ser determinación alguna de los fenómenos externos, no pertenece a la figura, situación, etc. sino que determina la relación de las representaciones en nuestros estados internos. Como esta intuición interior no tiene figura alguna, procuramos suplir esta falta por analogía y nos representamos la sucesión del Tiempo con una línea prolongable hasta lo infinito, cuyas diversas partes constituyen una serie que es de una sola dimensión, y derivamos de las propiedades de esta línea todas las del Tiempo, exceptuando sólo una: que las partes de las líneas son simultáneas mientras que las del Tiempo son sucesivas. De donde se deduce que la representación del Tiempo es una intuición, porque todas sus relaciones pueden ser expresadas por una intuición exterior.

El Tiempo es un pensamiento vacío, tiene un valor objetivo sólo en relación a los fenómenos, porque éstos son considerados como objeto de nuestros sentidos, y por consiguiente, también a todas las cosas que pueden ofrecernos la Experiencia; el Tiempo es una condición subjetiva de nuestra intuición humana (siempre sensible, es decir, en tanto que somos afectados por objetos), considerado en sí mismo y fuera del sujeto, no es nada.

Tales propiedades que pertenecen a las cosas en sí, no pueden nunca ser proporcionadas mediante los sentidos; en esto consiste, pues, la identidad trascendental del Tiempo, según la que, si se abstraen las condiciones subjetivas de la intuición sensible, no es absolutamente nada, no pudiendo ser contado tampoco entre las cosas en sí mismas, ni como subsistiendo en ellas, ni como inherentes a ellas. Por eso también se dice que el Tiempo no subsiste por sí mismo. El Tiempo es una realidad subjetiva en relación a la experiencia interna, por consiguiente, el Tiempo no es real como objeto, sino sólo como el modo que tengo de representarme a mi mismo como objeto. El Tiempo pertenece al sujeto que intuye los objetos y es comprobado apodícticamente (lo apodíctico, es aquello que implica la conciencia de su necesidad).

Espacio y Tiempo son formas puras de toda intuición sensible que hacen posibles las proposiciones sintéticas a priori. Estas fuentes de conocimiento a priori por ser simples condiciones de la sensibilidad determinan su propio límite en cuanto que sólo se refieren a los objetos considerados como fenómenos y las cosas en sí.

La Estética Trascendental no puede contener más que esos dos elementos: Espacio y Tiempo, puesto que todos los otros conceptos, que pertenecen a la sensibilidad, aún en el mismo movimiento que reúne los dos anteriores, implican algo empírico, porque el movimiento supone la percepción de algo movible. El Espacio en sí mismo no tiene nada de movible: lo movible debe ser, pues, algo que solamente se encuentra por la experiencia en el Espacio y por consiguiente, un dato empírico. La Estética Trascendental no puede tampoco contar entre sus datos a priori el concepto de cambio, porque el Tiempo mismo no cambia, sino algo que existe en el Tiempo. Se necesita pues la percepción de una existencia cualquiera y la sucesión de sus determinaciones por consiguiente la experiencia.

Las intuiciones son sólo representaciones de fenómenos, no percibimos las cosas como son en si mismas, ni sus relaciones tal como se nos presentan; si suprimiéramos nuestro sujeto, o simplemente la constitución subjetiva de nuestros sentidos en general, desaparecería toda propiedad, toda relación de los objetos en Espacio y Tiempo, incluso el Tiempo y Espacio, porque todo esto, como fenómeno no puede existir en sí, independiente de toda receptividad de nuestra sensibilidad. No conocemos de ello más que la manera que tenemos de percibirlos; Tiempo y Espacio son las formas puras de esta percepción, y la sensación en general, la

materia; sólo los podemos conocer a priori por eso son intuición pura. Por más alto que fuera el grado de claridad que pudiéramos dar a nuestra intuición, nunca nos aproximaríamos a la naturaleza de las cosas en sí, sólo conoceríamos perfectamente nuestra manera de intuición, es decir, nuestra sensibilidad, y esto es siempre bajo las condiciones de Tiempo y Espacio originariamente inherentes al sujeto. La diferencia entre una representación clara y otra oscura es puramente lógica, y no se refiere a su contenido. La naturaleza subjetiva es precisamente quien determina la forma del objeto como fenómeno; sin embargo éste posee una intuición propia que sirve únicamente para la posición particular u organización del fenómeno en él y en nosotros.


Lógica trascendental


Nuestro conocimiento emana de dos fuentes principales: Intuición: como nos es dado un objeto (representación) Concepto: como el objeto es pensado en relación con esa

representación. Ambos pueden ser empíricos (contiene una sensación) o puros (si la representación no se mezcla con sensación alguna). La sensación es la materia del conocimiento sensible. La intuición pura contiene la forma por la que es percibida alguna cosa, y el concepto puro la forma del pensamiento de un objeto en general.

Entendimiento: es la facultad que tenemos de producir nosotros mismos representaciones o la espontaneidad del conocimiento. * Así como de es la facultad de pensar el objeto de la intuición (que es sólo sensible).

Pensamientos sin contenido son vacíos, intuiciones sin concepto son ciegas; es por esto que es importante y necesario sensibilizar los conceptos, es decir, darles un objeto en la intuición, así como hacer inteligibles las intuiciones, es decir, someterlas a un concepto. Así como la Estética es la ciencia de las reglas de la sensibilidad, la Lógica es la ciencia de las leyes del Entendimiento.

La Lógica general, abstrae la materia del conocimiento intelectual y toda la diversidad de sus objetos y sólo se ocupa de la forma del pensamiento; es decir, se abstraen las condiciones empíricas bajo las que se ha aplicado el Entendimiento, ej: la influencia de los sentidos, el juego de la imaginación, las leyes de la memoria, el poder del hábito, etc.; por consiguiente, también las fuentes de los prejuicios así como las causas verdaderas o supuestas de los conocimientos que se derivan de la Experiencia.

xxxv. La Lógica pura tiene por único objeto los principios a priori y es un canon del entendimiento y de la razón, pero únicamente en relación a la parte formal de su uso, sea el que fuere por otra parte de su contenido, sea empírico o trascendental.

xxxvi. La Lógica aplicada, se ocupa de las reglas del uso del entendimiento, bajo las condiciones empíricas y subjetivas que nos enseña la Psicología; trata de la aplicación del entendimiento sin distinción de objetos; es un catártico del entendimiento común.

xxxvii. La Lógica trascendental: se aísla al entendimiento y sólo se toma del conocimiento el pensamiento (conocimiento puro del entendimiento).

xxxviii.La Dialéctica: es la Lógica general, considerada como organon, que siempre es una Lógica de la apariencia.

xxxix. Analítica trascendental: es la descomposición de todo nuestro conocimiento a priori en los elementos del conocimiento intelectual puro.

Los conceptos deben ser puros y no empíricos No deben pertenecer ni a la intuición, ni a la sensibilidad,

sino al pensar y al entendimiento. Deben ser conceptos elementales, diferentes de los

derivados y compuestos Que su cuadro sea completo y que abarque todo el campo

del entendimiento puro.

xl. Analítica de los Conceptos: examina la posibilidad de los conceptos a priori que buscamos solamente en el entendimiento como en su suelo natal, y considerar, en general, la aplicación pura de esta facultad.

xli. Este es propiamente el objeto de la Filosofía trascendental lo restante es el estudio lógico de los conceptos, tal como se usa en la filosofía. Perseguiremos los conceptos puros hasta sus primeros gérmenes y rudimentos en el entendimiento humano, donde existían precedente, esperando que la experiencia fuera ocasión de su desenvolvimiento, y que libres por ese mismo entendimiento de las condiciones empíricas que le son inherentes, lleguen a se expuestas en toda su pureza.

xlii. Como antes se había dicho el conocimiento sensible se da a través de la intuición, pero fuera de ésta podemos conocer por conceptos; el conocimiento del entendimiento por medio de conceptos, no intuitivo, es discursivo. Todas las intuiciones en cuanto sensibles se apoyan en los afectos, pero los conceptos suponen funciones. La función, es la unidad de acción para ordenar diferentes representaciones bajo un común de todas ellas; dicha unión ocurre en el pensamiento y el uso que hace el entendimiento de estos

conceptos es un juicio. El juicio es pues el conocimiento mediato de un objeto, por consiguiente, la representación de una representación del Objeto. En todo juicio hay un concepto aplicable a muchas cosas y que bajo esta pluralidad comprende también una representación dada, la cual se refiere inmediatamente al Objeto. Ej: “todos los cuerpos son divisibles”, el concepto de divisibilidad se refiere también a otros, entre los cuales se hace aquí una relación especial al concepto de cuerpo. Por lo tanto el entendimiento en general puede ser representado como la facultad de juzgar. El pensamiento, es el conocimiento por conceptos.


El noúmeno


La experiencia, que es la realidad del fenómeno, excluye el que las categorías tengan un uso trascendental, lo cual se refiere a las cosas en general y en sí mismas. La ilusión es el medio por el cual se extienden las categorías del entendimiento más allá de los límites de la experiencia posible, esto es a las cosas en sí mismas; la ilusión nace del hecho de que las formas a priori del entendimiento no dependen de la sensibilidad, y esto las hace aparecer aplicables más allá de la sensibilidad misma, como si el pensamiento pudiera alcanzar el ser en sí. En realidad las formas del entendimiento son únicamente la facultad lógica de unificar lo múltiple de la sensibilidad y, donde a falta de esta multiplicidad su función se hace imposible. La posibilidad trascendental o real es lo constitutivo del conocer auténtico; la posibilidad lógica es lo constitutivo de un conocimiento puramente ficticio.

El noúmeno no es solamente la ilusión reconocer como fenómenos los objetos de la experiencia significa implícitamente contraponer a ellos objetos no-fenómenos; estos objetos son, pues, posibles. El noúmeno es una realidad desconocida; los fenómenos en cuanto que representaciones son referidas a un objeto trascendental, del cual no sabemos nada y nada podemos saber absolutamente, por medio del cual el entendimiento unifica lo múltiple en el concepto de un objeto. Al noúmeno se le atribuye la función de influir sobre la sensibilidad y de ser el sustrato de los cuerpos materiales empíricamente percibidos. El noúmeno es la sustancia de los cuerpos materiales en cuanto a fenómeno. El concepto de noúmeno se presenta cmo resultado del proceso que induce a considerar subjetivas algunas cualidades de los cuerpos; en cierto punto, la intuición del cuerpo se convierte en subjetiva, pero permanece la realidad desconocida detrás de esa intuición y que no es semejante a ella. Ej: no es lo mismo la sensación del color rojo a la propiedad de cinabrio que la produce. El noúmeno no es más que el objeto de una intuición no sensible, una intuición intelectual que no es la nuestra y de la cual no podemos

comprender ni siquiera la posibilidad; el noúmeno es, por tanto, al menos para el hombre, imposible. Nosotros tenemos un entendimiento que se extiende más allá problemáticamente, pero no tenemos ninguna intuición ni el concepto de una intuición posible por la cual pueden presentarse a nuestra consideración objetos más allá del campo de la sensibilidad ni el entendimiento pueda ser usado asertóricamente sobre los mismos. El noúmeno es un concepto límite que se relaciona con la litigación de la sensibilidad.


Dialéctica trascendental


Así como el acto del entendimiento es el juicio, la actividad de la razón es el silogismo. El silogismo puede ser categórico, hipotético y disyuntivo. Los conceptos de la razón que se fundan en esta división contiene, por esto:

La idea del sujeto completo (sustancial), que es el del alma. La idea del alma representa la totalidad de la experiencia en relación con el sujeto.

La idea de la serie completa de las condiciones, que es la del mundo. La idea del mundo representa esta totalidad en relación con los objetos fenoménicos.

La idea de un conjunto perfecto de todos los conceptos posibles, que es la de Dios. La idea de Dios la representa en relación con cualquier objeto posible, fenoménico o no.

Cada una de estas ideas representa, a su manera, la totalidad absoluta de la experiencia; pero puesto que la totalidad de la experiencia no es nunca una experiencia, ninguna de ellas tiene valor objetivo, y por esto es idea y no realidad.

La categoría de sustancia sólo se puede aplicar a objetos empíricos, no al ‘yo pienso’ que es la subjetividad finita del hombre, la autodeterminación existencial del sujeto pensante en relación con lo múltiple empírico determinable. El ‘yo piensa’ es sujeto pero no sustancia, es un yo singular que no puede resolverse en la pluralidad de sujetos; no por esto es sustancia simple, ya que la simplicidad no puede predicarse más que de las sustancias empíricas. Esto garantiza la identidad del yo, pero esta identidad no dice nada sobre la identidad del yo fenoménico que es el único objeto de conocimiento. El ’yo pienso’ establece la distinción entre él mismo y las cosas externas, pero no dice nada sobre la posibilidad de existir sin tales cosas.

Las antinomias de la razón pura, son verdaderos conflictos de la razón consigo misma, de las cuales ella no puede salvarse si no es abandonado el principio de que nacen, la idea del mundo. Las

xlviii.

antinomias (contradicción entre dos preceptos racionales) son cuatro:

La primera es la que se da entre la finitud e infinitud del mundo respecto al espacio y al tiempo; se puede sostener tanto que el mundo haya tenido comienzo en el tiempo y tenga un límite en el espacio, como que no tenga ni una cosa ni otra y sea infinito.

La segunda nace de la consideración de la divisibilidad del mundo; se puede sostener tanto que la divisibilidad se interrumpa en un cierto límite y que por ello el mundo esté compuesto de partes simples, como que la divisibilidad pueda prolongarse hasta el infinito y que no haya en él nada simple o indivisible.

La tercera se refiere a la relación entre causalidad y libertad; se puede admitir una causalidad libre al lado de la causalidad de la naturaleza o negar cualquier causalidad libre.

La cuarta se refiere a la dependencia del mundo de un ser necesario; se puede admitir que exista un ser necesario como causa del mundo, o se puede negar tal ser.

Es imposible decidirse por la tesis o antítesis de las antinomias ya que las dos son demostrables; el defecto está en la misma idea de mundo, la cual, estando más allá de toda experiencia posible, resulta incognoscible y por esto no puede dar ningún criterio apto para decidirse por una u otra de las tesis en conflicto. Las antinomias demuestran la ilegitimidad de la idea de mundo. Si se observa, las tesis demuestran un concepto demasiado pequeño para el entendimiento y las antítesis un concepto demasiado grande.

La idea es, para la razón, una regla que la impulsa a dar al campo de su investigación, que es la experiencia, no sólo su mayor extensión, sino también la máxima unidad sistemática. Así la idea de la psicología impulsa a buscar los lazos entre todos los fenómenos del sentido interno y encontrar en ellos una unidad cada vez mayor, precisamente como si fuesen manifestaciones de una única sustancia simple.

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