




FILOS. NIETZSCHE
i. Alemania,1844. Era seguidor de Schopenhauer y retoma su idea del mundo como dolor, lucha, destrucción, crueldad, incertidumbre, error, donde el azar domina y los valores humanos no encuentran en ál ninguna raíz. A diferencia de Schopenhauer que dice que la alternativa para salirse de ese mundo es el ascetismo, Nietzsche decía que esa era la actitud propia de la moral cristiana y de la espiritualidad común; él creía que se debía aceptar la vida tal y como era, en sus caracteres originarios e irracionales, y conduce a la exaltación de la vida y a la superación del hombre. Toda su obra esta encaminada a esclarecer y defender la aceptación total y entusiasta de la vida. Dionisios es el símbolo divinizado de esa aceptación y Zaratustra su profeta.
ii. Dionisos es “la afirmación religiosa de la vida total, no renegada ni fragmentada”. Es la exaltación entusiasta del mundo tal y como es, sin disminución, sin excepción y sin elección: exaltación infinita de la vida infinita. Dionisos es el dios de la embriaguez y de la alegría, el dios que canta, ríe y danza: abandona toda renuncia, todo intento de fuga de la vida. La aceptación integral de la vida transforma el dolor en alegría, la lucha en armonía, la crueldad en justicia, la destrucción en creación; renueva profundamente la tabla de los valores morales. Nietzsche cree que todos los valores fundados en la renuncia y en la disminución de la vida, todas las llamadas virtudes que tienden a mortificar la energía vital y a destrozar y empobrecer la vida, sitúan al hombre por debajo de sí mismo y por lo tanto son indignas de él. Es virtud toda pasión que dice sí a la vida y al mundo. Aquí se revela el carácter romántico de Nietzsche, en la valoración de la vida como infinita y divina. Dionisios ignora y desconoce todo límite humano.
iii. Dionisos no sólo se complace en el espectáculo terrible e inquietante, sino que ama el lado terrible en sí mismo y el lujo de la destrucción, de la disgregación, de la negación; la maldad, la insania, la brutalidad, le parecen, en cierto modo permitidas por una superabundancia vital que es capaz de convertir en un país fértil cualquier desierto. El hombre debe situarse en una señal de riqueza superior a todo límite, la infinitud de una fuerza que se expande sin freno y que lo fecunda y transfigura todo. Por lo mismo Dionisos rechaza y aleja la idea de la muerte para hacer más digna la idea de la vida.
iv. Acerca de la transmutación de los valores Nietzsche estaba en contra de la renuncia y el ascetismo, incluso de la ciencia que no está lejos del ideal ascético por su adoración a una verdad objetiva frente a la realidad, por su respeto a los hechos y a la no interpretación de los mismos, ésta afirmación objetiva niega la otra parte de la vida. “Mientras toda moral aristocrática nace de la afirmación triunfal de uno mismo, la moral de los esclavos opone desde el principio un no a lo que no forma parte de uno, a lo que es diferente y constituye su no-yo y tal es su acto creador. Esta inversión de la mirada valorativa, este punto de vista que se inspira necesariamente en lo exterior, en ves de fundarse a sí mismo, caracteriza el resentimiento” (Genealogía de la Moral); el resentimiento de aquellos a los que les está prohibida la verdadera reacción, la acción y que encuentran su compensación en una venganza imaginaria. El pesimismo, es decir, la no aceptación de la vida, en su expresión final es el nihilismo. “Mi yo -dice Zaratustra- me ha enseñado un nuevo orgullo y yo lo enseño a los hombres: no escondáis la cabeza en la arena de las cosas celestes, sino levantadla orgullosamente, una cabeza terrena que crea el sentido de la tierra. Yo enseño a los hombres una voluntad nueva, seguir voluntariamente el camino que los hombres han seguido ciegamente, aprobar este camino y no intentar ya rehuirlo, como los enfermos y los decrépitos.” La existencia del hombre es meramente terrena, el hombre ha nacido para vivir en la tierra y no hay otro mundo para él.
v. “Y soy por entero cuerpo y nada más –dice Zaratustra- ; el alma es solamente una palabra que indica una pequeña parte del cuerpo. El cuerpo es un gran sistema de razón, una multiplicidad con un solo sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor”. El verdadero yo del hombre es el cuerpo, al que llama “la gran razón” en el que el hombre reconoce su yo singular. La verdadera subjetividad del hombre no es la que él indica con el monosílabo yo, sino el sí mismo, que es a la vez cuerpo y razón. Critica el principio cartesiano: “Si se reduce la proposición a “Se piensa, luego existen pensamientos” se deduce de ellos una simple tautología quedando fuera de la cuestión la “realidad del pensamiento” de modo que en esta forma se ha llegado a reconocer sólo la apariencia del pensamiento. Descartes quería que el pensamiento fuera una realidad en sí y no aparente”. (tautología: es la repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras. Repetición inútil y viciosa).
vi. El Arte. El espíritu dionisiaco se vincula con el arte, que es la expresión más alta del hombre. En “el origen de la tragedia” (1872) reconocía como fundamento del arte la dualidad del espíritu apolíneo: domina el arte plástico, es armonía de formas; y el espíritu dionisiaco: que se encuentra en la música, que está privada de formas porque es exaltación entusiasta. Solamente en virtud del espíritu dionisiaco el pueblo griego consiguió soportar la existencia; bajo la influencia de la verdad contemplada, el griego veía por todas partes el aspecto horrible y absurdo de su existencia; el arte vino en su auxilio, transfigurando lo horrible y absurdo en imágenes ideales, en virtud de las cuales la vida se hacía aceptable. Esas imágenes son: lo sublime, con que el arte domeña y sujeta lo horrible; y lo cómico, que libera del desagrado de lo absurdo. La transfiguración fue realizada por el espíritu dionisiaco y modulado y disciplinado por el espíritu apolíneo (tragedia y comedia). Con Sócrates y el platonismo comenzó la renuncia a la vida y por tanto la decadencia del pueblo griego. El arte está condicionado por un sentimiento de fuerza y de plenitud como el que se manifiesta en la embriaguez; no son artísticas aquellas cosas que nacen del empobrecimiento de la voluntad: la objetividad de la abstracción, el debilitamiento de los sentidos, las tendencias ascéticas. Lo feo, que es la negación del arte, está ligado a esos sentidos. “Cada vez que nace la idea de degeneración, de empobrecimiento de la vida, de impotencia, de descomposición, de disolución, el hombre estético reacciona con un no”. La belleza es la expresión de una voluntad victoriosa, de una coordinación más intensa, de una armonía de todos los quereres violentos, de un equilibrio perpendicular infalible. Es esencial en el arte la perfección del ser, el cumplimiento, la orientación del ser hacia la plenitud; el arte es esencialmente la afirmación, la bendición, la divinización de la existencia. El estado apolíneo no es más que el resultado extremo de la embriaguez dionisiaca, una simplificación y concentración de la embriaguez misma. El estilo clásico representa ese reposo y es la forma más elevada del sentimiento de poder. Esto no significa que en el arte el hombre deba abandonarse sin freno a sus instintos; si el artista no quiere ser inferior a su misión, debe dominarse y alcanzar la sobriedad y la castidad. “El filósofo huye de la luz demasiado viva, huye también de su tiempo y la luz que irradia”. Nada le parece más esteril que el arte por el arte y el desinterés estético. (Parnasianismo, Teophile Gautier). El arte considera bello incluso lo que el instinto de impotencia considera como digno de odio, lo feo el arte acepta lo que hay de problemático y de terrible en la vida, es la más total y entusiasta afirmación de la vida.
vii. El eterno retorno es el sí que el mundo se dice a sí mismo, es la autoaceptación del mundo, la voluntad cósmica de reafirmarse y ser ella misma; es la expresión cósmica del espíritu dionisiaco que exalta y bendice la vida. “Un poco de razón –dice Zaratustra- un grano de sabiduría dispersado de estrella en estrella, esta levadura está mezclada con todas las cosas. Un poco de sabiduría es posible pero yo he encontrado en todas las cosas esta certeza feliz: prefieren bailar sobre los pies del azar”. Esta explosión de fuerzas desordenadas, este “monstruos de fuerzas sin principio ni fin”, este mundo tiene en sí una necesidad, que es su voluntad de reafirmarse, y por ello, volver eternamente sobre sí mismo. Este mundo dionisiaco de la eterna creación, destrucción de sí no tiene otra finalidad que la de la “felicidad del círculo”; no tiene otra voluntad que la del círculo, que tiene la buena voluntad de seguir su propio camino. La necesidad del devenir cósmico no es más que voluntad de reafirmación. Desde la eternidad, el mundo se acepta a sí mismo y se repite eternamente. El eterno retorno es una verdad terrible que puede destruir al hombre o exaltarlo, frente a él se mide la fuerza del hombre, su capacidad es superarse.
viii. “La fórmula para la grandeza es amor fati no querer nada distinto de lo que es, ni en el futuro, ni en el pasado, ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo que es necesario, sino amarlo”. Este amor libera al hombre de la esclavitud del pasado, ya que para él, lo que ha sido se transforma en lo que yo quería que fuera.
ix. El superhombre tiene por primera característica la libertad del espíritu. Debe librarse de las ataduras convencionales de la vida y renunciar a todo lo que los otros alaban: debe poner todo su anhelo en poder volar libremente, sin temor, por encima de los hombres, de las costumbres, de las leyes y las apreciaciones tradicionales. Su máxima fundamental es: llega a ser lo que eres. La libertad interior propia del superhombre es una riqueza de posibilidades diversas, entre las cuales él no escoge, porque quiere dominarlas y poseerlas todas; de aquí nace la renuncia a la certeza, que es una limitación, de esta manera se renuncia también a las posibilidades del error, de ahí también la profundidad del superhombre, la imposibilidad de centrar su vida interior, es un hombre de misterio del cual sólo se conoce la superficie. El superhombre dice: así debe ser.
x. Utiliza aforismos dados sus fuertes dolores de cabeza, uno de los más importantes anteriormente mencionado es “Dios ha muerto” en “Así habló Zaratustra un ermitaño baja de la montaña y en el poblado va predicando entre los hombres su frase y todos se burlan; Dios ha muerto y ellos no se han dado cuenta que todo a cambiado y ellos también y mucho de lo que creían ha muerto porque ha muerto la divinidad. La divinidad que ha muerto es el Dios del sentido global del universo, de una verdad única, el que sostenía y justificaba la tranquilidad intelectual de los seres humanos, todo se basaba en una gran idea de sentido de verdad, de coherencia que era la divinidad; al haber muerto eso el hombre tiene que sostener por sí mismo el sentido del mundo, del discurso, ya no pueden depender de un gran sentido cósmico, único y absoluto, de ahí la importancia de alcanzar la madurez superior intelectual que el llamo superhombre.
xi. Nietzsche a querido alcanzar y realizar el infinito para el hombre y en el hombre, ha querido que el hombre reabsorba en sí mismo y domine, con una voluntad también infinita, el infinito poder de la vida. Por esto, la aceptación de la vida y del mundo no es la aceptación del hombre como criatura finita, no pretende fundamentar las positivas facultades humanas en su misma limitación, sino que trata de transferir al hombre la infinitud de la vida y lo ilimitado de su poder.
















